viernes, 27 de enero de 2012
LLEGADA A MORELLA (Castellón). PUERTA SAN MIGUEL
Se trata de dos torres idénticas de planta octogonal, aunque hexagonales en la zona del interior de la población.
Entre las torres existe una puerta ojival , la entrada a la ciudad, y sobre la que se hallan los escudos de la Casa Real de Aragón y los de Morella.
Sobre la puerta existe un muro aspillerado y un conjunto de matacanes que defienden la entrada.
Las dos torres se hallan unidas a la altura del último piso a través de un puente de sillería con doble matacán.
En la zona interna las dos torres presentan el mismo aspecto que por su parte externa: poseen una planta baja y cuatro pisos de altura.
Se comunican a la altura de la segunda planta.
La parte superior acaba en almenas aunque antes de la restauración poseía ventanales de medio punto con final en tejado .
Se entra en las plantas bajas por medio de puertas con arcos ojivales.
Los pisos interiores se comunican por medio de escaleras de madera.
Son las torres más elegantes del conjunto morellano y datan del siglo XIV.
Pedro IV, en 24 de febrero de 1358, concede privilegio ordenando se activen las obras dels murs de la población.
Su autor era el "obrer de murs", Domingo Taravall.
Desde estas torres hasta la torre siguiente el lienzo mide 75 metros de longitud.
Cerca de las Torres de Sant Miquel y en dirección a la Torre Rodona, se pueden todavía obervar la brecha abierta por la artillería liberal del general cristino Oraá en el siglo XIX para reconquistar Morella en manos de Cabrera.
El diferente color de la piedra permite observar claramente la zona abierta en la muralla.
De todas maneras el general Oráa tuvo que retirarse sin poder conseguir la toma de la villa aunque disponía de un ejercito con 25 piezas de artillería.
Las torres de Sant Miquel, antes de ser restauradas por última vez, presentaban en su parte superior ventanas con arcos de medio punto sosteniendo un tejado inclinado.
Además mostraban abundantes boquetes producidos en 1838 y 1840 por el abundante fuego artillero y, en sus muros, existían abundantes proyectiles incrustados.
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